viernes, 23 de octubre de 2009

Ready~mades de locutorio:

Un empleado de un cyber, contando muchísimas monedas de las que se caen algunas:
—¡Se armó el tole~tole!

Dos señoras frente a la compu:
Ella (imitando la voz exasperada de su hija): ¡Ay, mamá, no! (y retomando su tono normal) ¿Y yo cómo le voy a dar a la tecla de la computadora?

Clienta al pagar:
—¡El día que me compré esta cartera con cuarenta bolsillos, perdí la cabeza!
—Es que tiene todo lo que vos necesitás...

En virtud de los inconvenientes que hay para comunicarse con Londres luego del atentado, el cliente con el dependiente:
—A veces uno tiene mala suerte.
—Desde que nací.
—Ah... eso ya es crónico.
—No le vamos a echar la culpa a Londres...

Señora grande en la cabina de al lado:
—Porque Tomás es como que se potencia delante de él, ¡se potencia! Y bueno, ¿es verdad lo que dice, que todo el rato lo llaman? Que recibe llamados constantemente... Eh, entonces que se vaya a hacer eso a la casa del padre, que se vaya y después vuelva.

Señora por teléfono, larga distancia:
—Vos hacé lo que quieras; si querés hacer escarpines, hacé escarpines, que para eso te lo mandé.

La rubia de caja, muy atenta, muy escuchadora, transmite un mensaje:
—Después hágame acordar que le diga algo, Salvador...
El tipo asiente. Al rato vuelve.
—¿Qué me querías decir, nena?
—Que dijo Quique que si no le devuelve los cien pesos le va a romper todo el quiosco de diarios.
—¿Ah, sí? (Avergonzado) ¡No me digas!
—Dijo: ¡que ni se le ocurra gastárselo en joda! Y yo pensaba: ¿en joda? En salir a comer algo rico afuera, o en una ropita linda, algo para el perro... ¿por qué no se los revienta?
—Ja, ja -se ríe admirado y a la vez halagado Salvador.

Y al día siguiente, cuando ya está Quique:
—No, pero no sabés lo que pasó anoche...
—¿Qué te pasó?
Salvador baja el tono.
—Estaba durmiendo y de repente escucho una voz desde el placard que me dice: (con tono fantasmagórico) ¡No me llevaste a Puertooo Madeeeroooo! ¡No me llevaste a Puertooo Madeeeroooo! Me levanto y veo que viene de la billetera, la abro ¿y sabés quién era? Julio Argentino, Julio Argentino Roca -y le extiende el billete de cien en devolución.
—Ja, ja , ja, ¡no sabés cómo lo extrañé! -Quique recupera su dinero.
—(Voz fantasmagórica) ¡No me lleeeeves con el Flacoooo! ¡No me lleeeeves con el Flacoooo!

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